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  Cinco cosas que las mascotas enseñan a los niños

  Perros y niños

 

 

Educación viviente:
Cinco cosas que las mascotas enseñan a los niños

Por Alex Lieber

 

"Tener un perro enseña a los niños empatía, a captar y comprender sentimientos sutiles y cómo mirar al mundo desde una perspectiva diferente."

 

El poeta William Blake escribió: "Los seres vivos, no viven solos ni únicamente para sí mismos".  Esto es especialmente cierto cuando se trata de nuestras mascotas.  Y, de acuerdo a investigaciones y psicólogos, puede llegar a ser una de las lecciones más importantes que las mascotas enseñen a los niños.

Muchas veces los padres de familia traen una mascota a la familia para enseñarles a los niños responsabilidad, o quizás para darle a un hijo único un compañerito con quien jugar.  Pero, en la mayoría de los casos, los niños aprenden lecciones aún más fundamentales acerca de sí mismos y del mundo que los rodea: empatía, cómo comprender sentimientos sutiles y cómo mirar al mundo desde una perspectiva diferente. 

"El niño aprende cómo están interconectados el mundo y los seres vivientes", explica Rebecca Reynolds Weil, Terapeuta Ocupacional y Directora Ejecutiva del programa "Animales como intermediarios".  Este programa, con base en Massachussetts, está diseñado para ayudar a los niños y a las personas mayores a conectarse con el mundo que les rodea y con el que pueden tener problemas para relacionarse.  Los animales son una parte vital del programa, dice Weil, porque estimulan la curiosidad y enseñan empatía.

El programa (www.aai-nature.org) les lleva el mundo natural a quienes participan en él, muchos de los cuales viven en instituciones.  Pero las mascotas en los hogares pueden traer iguales beneficios.  A nivel emocional, las mascotas pueden enseñar a los niños muchas cosas:  

Comunicación: Los niños aprenden a captar esas sutiles señales que les dan sus mascotas para indicar sus sentimientos.  Más tarde pueden aplicar lo aprendido a su interacción con las personal, porque son más capaces de ver y captar el lenguaje corporal.

Empatía: En la mayoría de los casos, los niños sienten gran curiosidad por comprender las emociones de sus mascotas.  Esta curiosidad se extenderá a los demás.  "Los animales les ofrecen a los niños una herramienta para explorar esa curiosidad que sienten", explica Weil.  "A un niño, la curiosidad puede llevarlo hacia la esperanza y hacia un mayor compromiso con el mundo que lo rodea."

Desarrolla habilidad para cuidar a otros: Siempre que reciba la supervisión necesaria de parte de los adultos, el niño aprende cómo cuidar a otro ser vivo y siente placer al ver a su mascota sana y feliz.

Confianza: Los niños están siendo constantemente evaluados.  Son calificados por su conducta, por sus calificaciones y por su desempeño atlético.  Esto es especialmente cierto para los niños de nivel escolar medio (11 - 14 años).  Las mascotas no tienen este tipo de expectativas; están felices de que el niño esté con ellos.  "Las mascotas dan a los niños una sensación de aceptación incondicional", dice Weil.  "Sin juicios ni evaluaciones presentes". 

Capacidad de cambio: Los niños que pasan por experiencias traumáticas por lo general son más capaces de superarlas cuando cuentan con una mascota en la que pueden confiar.  "La soledad es muy peligrosa para los niños", dice Weil.  "Tener un compañero puede hacerlos sentir parte de algo importante."

Un estudio publicado en el año 2000 exploró la relación entre las mascotas y los niños.  Especificamente, el estudio, conducido por un Psicólogo Infantil en Nuevo México, enfocó los efectos que tener un perro tenían para los niños entre los 10 - 12 años.  El investigador, Dr. Robert E. Bierer, PhD, se sorprendió al descubrir la gran diferencia en empatía y auto-estima ente pre-adolescentes que tenían un perro y aquellos que no lo tenían.

  "Desde hace muchos años se sabe que los perros son una medicina excelente para los niños.  Lo que he descubierto es que los niños pre-adolescentes con perros como mascotas tienen una mayor auto-estima y empatía que los niños sin perros....  Nunca esperé que los resultados fueran tan significativos como de hecho son." 
Dr. Robert Bierer, PhD.

 

Las conclusiones de Bierer confirman la creciente evidencia que muestra que, tener un perro, conlleva un impacto en la auto-estima y la sensibilidad hacia los demás "estadísticamente significativa".  Él notó que tanto los profesores, como los padres y otros niños tienen expectativas que el niño debe llenar.  Una mascota no tiene ese tipo de medidas de éxito o fracaso; su aceptación es total y eso trae consigo una gran sensación de valía

Las mascotas también enseñan a los niños la importancia de cuidarse a sí mismos.  Por ejemplo, dice Weil, ella les enseña a los niños por qué es importante cuidar a una mascota, lavarle sus dientes y mantenerla limpia.  Si lavar los dientes del perro es importante para su salud, naturalmente también será imporante para el bienestar del niño.

 

"... Es decir, tener un perro en la casa hace una gran diferencia, independientemente de que se trate de una familia con uno solo de los padres presentes, o que la madre trabaje fuera del hogar, o que el niños tenga o no hermanos."
Dr. Robert Bierer, PhD.

 

Esto no quiere decir, necesariamente, que todos los niños están listos para tener una mascota. Los padres primero deben estar seguros que el niño quiere una mascota, antes de apresurarse a conseguir una.  Juntos, deben decidir qué tipo de mascota es la mejor.  Más aún, no asuma que su hijo va a cuidar a la mascota.  En última instancia, la responsabilidad de velar por el bienestar y la salud de la mascota recaerá en los padres y no en los niños. 

Traducción: Mirie Mouynés

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Perros y Niños

Por Wallace Clay

 

La pregunta que más comunmente la gente hace antes de conseguir un perro o un cachorrito es "Y qué tal son con los niños?  Esto es especialmente cierto en las parejas con niños pequeños o que planean tener niños en el futuro.  También puede ser cuestionado por los abuelos que están a punto de adquir un perro.  Hay tanta información y, quizás, desinformación propagada de boca a boca, que ciertamente esta pregunta resulta válida para hacérsele a los criadores de perros o a alguien como yo (que tengo dos maravillosos Chesapeake Bay Retrievers, un American Cocker Spaniel y un Jack Russell Terrier).

No puedo recordar la cantidad de veces que la gente me ha preguntado sobre el Cocker y mis nietos, comentando "He escuchado que los cockers y los niños no mezclan bien" o "Es cierto que los Chessies son malísimos con los niños?"  Incluso he leído comentarios como estos en algunas de las listas de emails de perros que leo.  Bueno, en mi opinión, hacer que los perros y los niños, hijos o nietos, se lleven bien no es tan fácil ni tan sencillo como escoger la "raza" adecuada.  Considero que mi filosofía, aquello que escribiré más adelante, se aplica a la mayoría de las razas.  Supongo que hay algunas razas que podrían resultar mejores alrededor de niños que otras, pero no estoy del todo convencido de ello.  Al menos, no considero que la raza del perro sea la única consideración.

"Qué es lo que yo, como padre o abuelo, tengo que hacer para aumentar al máximo la relación entre mis hijos/nietos y mis perros?"

Si uno está realmente preocupado, creo que preguntar cómo es el perro con niños es únicamente una parte de la pregunta.  Lo que también debe preguntarse es "Cómo son los niños o cómo serán los niños con los perros?".  Y, en última instancia, la pregunta correcta debería ser: "Qué tengo que hacer yo, como padre o abuelo, para lograr maximizar la relación entre mis hijos/nietos y mis perros?"  No hacerse esta pregunta podría resultar en que algún niño fuera lastimado y, quizás, en que se culpara al perro injustamente.  Pero yo estoy escribiendo sobre la gran mayoría de los casos en los que Fido (el perro) y Rufus y Esmeralda (los niños) pueden y deben convivir en armonía.

Antes que nada, déjenme decirle un poquito acerca de mí.  No soy un experto en nada.  Es más, detesto la etiqueta "experto".  No soy un entrenador o un maestro en filosofía canina.  Soy un dueño de perro y he tenido perros toda mi vida.  Siempre han sido y siempre serán mis "mejores amigos" y compañeros.  Elevan mi espíritu cuando estoy triste, e iluminan mis días.  Me han enseñado el verdadero significado de aceptar a los demás y de amor incondicional.  A través de ellos he aprendido que estamos íntimamente relacionados con la naturaleza y no separados de ella.  Estas son lecciones y regalos maravillosos.  También tenemos 5 hijos, todos adultos, y 9 maravillos nietos que van desde los 2 años hasta los 15.  Así es que mi fin siempre ha sido compartir con mis hijos y mis nietos los extraordinarios regalos que los perros me han dado.

 Déjenme explicarles qué ha funcionado en mi familia.

Primero: los perros. Una de las primeras cosas que hemos hecho cuando traemos un perro o un cachorro nuevo a la casa es comenzar tocándolo.  Digo, le damos masajes en las mañanas, acariciamos sus orejas, les tocamos las patas, e incluso les damos unas jaladitas de cola.  Se les peina a diario y se les baña periódicamente.  Aparte de tener a los perros limpios, el propósito es que los perros se acostumbren a ser tocados.  Cuando los nietos eventualmente vienen, les gusta tocar y jugar con ellos.  Si el cachorrito quiere morder, se le da un pellizco muy suavecito en la nariz, pero el ingrediente principal es darles muchísima atención y amor.

 Probablemente los incidentes más frecuentes entre perros y niños está relacionado con comida, con premios y golosinas o con juguetes de algún tipo.  Cuando hay niños cerca, no es suficiente pensar que usted puede prevenir un incidente alimentando al perro en una habitación separada.  Seguro que llegará el momento en el que los niños coincidan con el perro y su comida en la misma habitación.  Asumir lo contrario sería tonto.  Así es que, habiendo dicho esto, nosotros manejamos el asunto de la comida como sigue.  Nos aseguramos que todos nuestros perros acepten el hecho que, en cualquier momento vamos a tocar su comida.  Esto lo hacemos usualmente antes y después de comer, en su presencia.  Lo hacemos diariamente para que los perros se acostumbren a que estemos cerca de su comida.  Esto no significa que luego animamos a los niños a hacer esto!

Otra cosa que hacemos como práctica es permitir que los perros estén cerca de la mesa y darles comida, usualmente pequeños trocitos de carne, vegetales y frutas.  Esto puede ser considerado un no-no, pero considero que le enseña al perro a tomar la comida que se le ofrece despacio y en una forma delicada.  A los perros no se les permite mendigar comida, sino que se les ha enseñado a esperar que se les ofrezca.  Cuando comenzamos con un perro, sólo dejamos una pequeña cantidad de comida donde la puede ver y si se avalanza para cogerla, se le da un suave golpecito en en hocico diciéndole: "suave".  También los he puesto en fila, uno al lado del otro, y les he dado helado con cuchara, por ejemplo.  Digo en alto el nombre del perro y le doy su cucharadita.  Esto ha enseñado a los perros disciplina cerca de la comida.  Nuevamente, no hago esto en presencia de los niños.  Este ejercicio de entrenamiento enseña a los perros disciplina frente a los alimentos.

Segundo: los niños. Lo primero que trato de inculcarles a los nietos es que respeten a los perros.  Esto quiere decir que está bien que los acaricien y que los toquen, pero que no es aceptable golpearlos, jalarles el pelo o hacerles daño en cualquier forma.  Se les enseña que ser buenos y suaves con ellos es lo principal.  A los niños se les anima a usar comandos básicos como "sentado" y "no!", siempre que su uso sea apropiado.  Tratamos de enseñarles a los nietos que digan en alto el nombre del perro antes de acercársele, especialmente si están dormidos.  Aprenden que no es bueno sorprender y asustar al perro.  No se les permite provocar o molestar a los perros, sea físicamente o con la comida y les decimos que es preferible que ellos no los alimenten.  Esto no es contrario a lo que yo les enseño a los perros.  Sé que habrá momentos en los que el niño le ofrecerá algo al perro y quiero que el perro actúe con suavidad si eso pasa, pero no animamos a los niños a hacerlo.  Los perros adultos que tenemos, especialmente los Chessies, parecen saber las limitaciones de los niños y son increíblemente suaves con ellos.  

Lo siguiente, en especial con niños mayores, es respetar la fuerza de los perros, en especial de los Chessies, pero también del Cocker y del Jack Russell.  A los niños hay que enseñarles a comprender hasta dónde pueden llegar con los perros.  Esto, por supuesto, varía de niño a niño -pero mi nieta de 60 lbs le gusta estar con mi Chessie de 90 lbs.  Si ella no está conmigo, no se le permite ponerle la correa al perro y trabajar con él.  Cuando crezca, se le permitirá trabajar más y más con él, pero si el perro no quisiera hacerle caso, por ejemplo sentarse siguiendo su comando, no habría forma que ella pudiera lograr que lo haga. 

Tercero: los padres y los abuelos. Okay, esta es la última y más importante parte de la ecuación.  Los perros son míos.  Para que los perros y los niños se lleven bien, hay que trabajar.  Yo amo a mis perros y amo a mis nietos.  Por ello necesitas trabajar en las primeras dos partes que ya mencioné... y más todavía.  La actitud es sumamente importante.  No sé cuántas veces he escuchado a alguien afirmar "Si el perro muerde, se va" o "nunca, nunca, nunca permita que un perro muerda".  Bueno, en mi opinión ambas declaraciones lo llevarán directamente al fracaso y son injustas con el perro.  Tener esas actitudes podría incluso traer como consecuencia que un niño salga lastimado.  Tienden a ser estas posturas machistas que no dan cabida al hecho de que un incidente puede ocurrir con cualquier perro, no importa cuán suave sea.  Esto es, SIEMPRE existirá esa posibilidad.  Sorpresa!  Esa actitud puede disparar un incidente en el que el perro se arrepienta inmediatamente, pero .... muy tarde!  En la mayoría de los casos, si al niño se le enseña a respetar al perro y si el dueño del perro está siempre atento -este escenario puede prevenirse.  Así es que, en adición a lo que mencioné arriba, aquí hay otros pasos que debe hacer o que debe evitar: 

Yo SIEMPRE les digo y les enseño a mis nietos a tener su cara lejos de la de los perros.  Permitirlo siempre dejara abierta la posibilidad de un incidente aunque sea accidental.  No quiero decir que el perro no pueda acercársele y lamer su carita, esto pueden hacerlo.  Lo que no permito es que el niño se les acerque demasiado en una forma amenazadora.  De vez en cuando yo juego rudo con mis perros, pero nunca en presencia de niños porque a ellos les gusta imitar nuestras actuaciones, pero hacer eso sin tener conciencia de las limitaciones es muy  peligroso.  Si bien yo les doy comida en la mesa, nunca lo hago en presencia de los niños.

Lo que he descrito arriba no tiene que hacerse todo en un mismo día.  Trabajar con los perros y los niños es una tarea diaria que forma parte de mi vida cotidiana... así es que este artículo no estará nunca terminado!  No se me ocurre decir que estas ideas sean originales o que funcionaran en todas las situaciones.  Si hubiera una oración que recogiera mi filosofía de coexistencia entre los niños y los perros sería esta: Mis hijos, ya adultos, fueron y todavía son parte de mi familia.  Yo los trato así.  Lo mismo se aplica a mis nietos.  No resulta muy difícil imaginar que yo extiendo esa filosofía a mis cuatro perros y mis tres gatos.  No son simplemente mascotas y yo no los trato simplemente como animales.  Por el contrario, ellos son ahora parte de mi familia y yo los trato de esa forma, en la misma forma que trato a mis nietos.  De esa forma hemos sido capaces de vivir en armonía hasta ahora.  El ingrediente más importante en todo esto es usted, el padre/o abuelo, compañero del perro, sea usted o yo...

 -- Wally (July 1998)

Traducción: Mirie Mouynés

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